Semanario de LA VERDAD

 

 

 

 VOLVER A
PORTADA

 

 

 

 


CRÓNICA DE ACTUALIDAD

Entre sueños y palmas

 

Foto

'Engaño', de Martínez Torres.

PEDRO SOLER

 

A veces hay que aceptar determinados compromisos por cuestiones varias. Y se afirma esto antes de comentar la exposición de Martínez Torres, en la Sala Caballerizas, porque el arriba firmante figura como presentador oficial de la muestra.

Dicho esto, hay que añadir que la obra expuesta, bajo el título de Sueños, conserva el sabor de la solera, más que la frescura de lo recién nacido. Por ello, parece necesario volver los ojos y la memoria a unos años lejanos y a Spyral, aquel grupo artístico que comenzó su andadura a finales de los ochenta, hace ya casi media vida, en un deseo de colaboración entre una docena de artistas y «con el fin de apoyarse mutuamente, rompiendo de una vez por todas la nube de individualismo feroz que sobrevuela el panorama murciano desde antiguo». Así se decía. Aquel grupo se rompió -alguna vez habría que recordarlo, pese a todo, con mayor detenimiento-, y entre sus miembros estaba Martínez Torres.

Esta exposición es un pequeño homenaje, porque las circunstancias le impiden trabajar con la locura con que siempre se dedicó a su obra. Las esculturas expuestas son piezas, como se ha escrito, que muy bien pueden estar situadas, desde siempre, dentro de las ideas que el arte moderno propugna y defiende. Y, sobre todo, son esculturas, en las que el autor ha echado por el camino de enmedio, ajeno a querencias capaces de marcarle una ruta definida. Aún así, en algunas se advierten fácilmente ciertas influencias, que, sin embargo, pudieran haber surgido como mera coincidencia. Lo que Martínez Torres intenta, sobre todo y a lo largo de esa colección de mezclas de ideas y materias -formas indefinidas, madera y hierro con escayola...- es, sencillamente, dejarse llevar por lo que en cada momento le ha surgido o por lo que la inspiración accidental le ha dictado.

No es fácil saber interpretar ni descubrir el sentido íntimo que el autor ha volcado sobre sus obras; y es más: los nombres que les asigna hacen más difícil penetrar en el conocimiento exacto de lo que se pretende demostrar. Tampoco hay que asombrarse negativamente, porque sobre esta manera de hacer gira todo lo que desde los sesenta arrastra el arte conceptual, basado en la investigación de la esencia del hecho estético, más que en su realización material. Casi siempre, no se sabe qué quieren decir las esculturas de Martínez Torres, pero si parece claro que es precisamente lo que él busca, porque le interesa construir unos organigramas en los que predomine su propio sentimiento, más que la exigencias que pueda demandar el cómodo espectador. El sentido de su personal estética creativa supera cualquier otra posibilidad.

‘LEY Y MUERTE’, EN CHYS

En Chys, se clausura hoy la exposición de Roberto Ferrández, titulada Ley y muerte en lo diverso. Engloba un conjunto de pinturas, con predominio de paisajes y bodegones. Parece como si el pintor manifestase su preocupación por el hiperrealismo, aunque no están culminadas las obras con todas las exigencias y detalles. Más bien, como afirma Manuel García Pérez, «el pintor no acude al mimetismo en un intento de asimilar la realidad, tal y como la percibimos». Lo que sí hace es dejar siempre un resquicio para que sea el espectador quien complete los retazos de cada uno de los cuadros, matemáticamente inacabados.

La clara predilección que el pintor muestra hacia la naturaleza hace evocar un expresionismo, en el que brota el deseo por conservar los lugares adornados con todo su esplendor auténtico. Algunas de las obras expuestas entraña una labor serena y profunda, que acaba en paisajes tangibles.

‘ENTRE PALMAS’, EN ROMEA-3

La sala Romea 3 ha iniciado el llamado Ciclo de Exposiciones de Artistas Jóvenes con una muestra de Carmen Alarcón, denominada Entre palmas. Es una pintora joven, pero cuya obra ya han aparecido en ocasiones anteriores en salas de la capital.

En esta ocasión, los cuadros expuestos tiene como único objetivo, en lo referente a temática, presentar palmeras; sin embargo, hay una diversidad muy pronunciada en el método de expresar su trabajo. Lo que la pintora realiza es una versión multiforme de una temática común, llevada a la práctica a base de propias experiencias, distintos y arriesgados formatos y de un empleo muy plural de los colores. Hay cuadros de gran tamaño, divididos en tres partes, en los que se advierte como un juego de visiones, y acabados con unos colores muy intensos, que buscan, quizá, la consecución de unas impresiones distintas, incluso lejanas, de la autentica realidad. Hay otros, de tamaño normalizado, en los que Carmen Alarcón ha utilizado un monocromatismo, también buscado, como si quisiera descubrir las posibilidades que encierra lo vulgar y cotidiano. ¿Por qué tanta diferencia entre unas obras y otras, si todas giran en torno a un mismo objeto? Posiblemente, porque la pintora ha querido imbuirse de experiencias y encontrar satisfacciones íntimas, al margen de los gustos que los demás puedan sentir y manifestar.

 

Titular Anterior : "El penúltimo maquis"

Siguiente titular : "José María Falgas, con sus retratos"

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

© La Verdad Digital S.L.U.
C/ Camino Viejo de Monteagudo, s/n. 30160 - Murcia.
Teléfono: 968 36 91 00. Fax: 968 36 91 11
internet@laverdad.es